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VILLARCAYO DE MERINDAD DE CASTILLA LA VIEJA
HISTORIA
VILLARCAYO, CAPITAL DE LAS SIETE MERINDADES DE CASTILLA VIEJA
Textos extraídos del libro "Villarcayo, capital de las siete Merindades de Castilla - Vieja", editado por el Excmo. Ayuntamiento de Villarcayo y escrito por D. Manuel López Rojo, Catedrático de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto.
En la segunda mitad del siglo XVI tendrá lugar un hecho histórico causante de la importancia jurídica y poblacional de Villarcayo.
Organizado el territorio por Fernán González en principio fueron 6 Merindades, quedando ya en el siglo XII constituídas las 7 históricas.
Los Condestables de Castilla, desde su capital Medina de Pomar, las administraban, ejerciendo un control absoluto sobre la comarca.
En la Baja Edad Media dos familias nobiliarias mantendrán contínuas luchas. Son las denominadas luchas banderizas entre Salazares y Velascos. En estas luchas se verán también inmersas las Merindades.
A los Velascos apoyarán los Angulo, Arce, Bravo, Fernández de Brizuela, García de Carranza, López Negrete, Llano, Medinilla, Ortiz, Porres y Rueda. A los Salazar se unirán los Pereda, Hierro, Salinas, Oñez Calderón, Villota, Sarabia y Ruiz de la Cerca.
A los Velascos, ayudaban los gamboinos de Vizcaya con Juan de Abendaño a la cabezas de los encartados y de la montaña, los meneses y algunos otros. Pero no pasó mucho tiempo en quedar D. Pedro de Velasco con las Merindades de Castilla. El apoyo de los Velascos a Enrique II y el triunfo de éste sobre su hermanastro Pedro I el Cruel (1369) fue el motivo de que Medina pasase a villa de señorío y las Merindades siguiesen de realengo.
Las Juntas tuvieron lugar en Miñón, bajo un moral, o en el cementerio que estaba junto a la iglesia, o bien en la misma iglesia.
Las divergencias entre Merindades y Condestables fueron creciendo. La Guerra de las Comunidades de Castilla supuso una vejación más a las ya numerosas: se les impuso como castigo continuar sometidas al poderío de los Velascos. La escasa influencia de esta familia en la segunda mitad del siglo XVI y el celo de Felipe II por el prestigio real hicieron que el rey enviase al Dr. Mendizábal, con cargo de juez de residencia y justicia mayor de ellas.
Enterado de esta provisión el Condestable D. Iñigo Fernández de Velasco, otorgó poder desde Berlanga en 13 de agosto de 1560 ante el escribano Hernando de Torquemada para que intervenga en todo lo referente a la provisión de juez de residencia de las Merindades.
Pero el 28 de agosto de 1560 "presente el Dr. Garavillo, teniente de alcalde mayor en las Merindades, Diego de Vivanco, procurador general de ellas y otros muchos, el Dr. Mendizábal puso la mano sobre la vara de la justicia que tenía el Dr. Garavillo, jurando por Dios y Santa María y los 4 evangelistas, administrar bien y fielmente justicia y el Dr. Garavillo le entregó la vara de justicia para que usase de ella como S. M. le era mandado".
A continuación todos los merinos entregaron sus varas al Doctor Mendizábal y éste se las entregó a Gutiérrez de Ceballos, alguacil designado por Felipe II.
Con anterioridad a la toma de varas y en este mismo lugar de Miñón hora y día, el Doctor Mendizábal llevó a efecto una información para fijar dónde se debía instalar la Audiencia y por consiguiente la CAPITALIDAD DE LAS MERINDADES DE LAS MAS VIEJA CASTILLA:
En esta información interviene el escribano Antonio Medina y en ella asisten como testigos: Hernando de Velasco, vecino de la Merindad de Valdeporres, quien declaró que siendo la villa de Medina de Pomar del Condestable, los lugares más cómodos para instalar la audiencia de las Merindades eran Torme oVillarcayo y éste más que aquel, y que no le parecía adecuado Miñón porque era de poca población y muy seco. Juan López de Medianilla, vecino de la de Castilla la Vieja dijo: que la merindad mejor para el fin de la información era la suya, que el lugar más apropiado era Miñón, pero que como tenía escasa población creía más conveniente el de Torme, por estar en medio de ellas, ser lugar pasajero y estar bien provisto. Pablo de Valdivielso, vecino de la de Valdivielso, sostuvo que el lugar mejor para el asiento de la audiencia era Bisjueces o Villarcayo, por ser lugares que están en la mejor comarca de las Merindades y más en medio de ellas y de los dos creía preferente Villarcayo. Diego de Vivanco, vecino de Villalaín, juzgó preferente Villarcayo por ser cómodo, estar en medio de ellas, haberse hecho parte en él de las Juntas de la Merindad y tener en él el archivo de sus escrituras. Pedro de Brizuela, vecino del pueblo de su apellido, creyó también preferente a Villarcayo sobre Miñón, por estar en medio de la Merindad de Castilla la Vieja, por ser ésta la más antigüa y cabeza de todas ellas.
El Doctor Mendizábal, para dar cumplimiento a la provisión cuyo cumplimiento le fue cometido, y después de recorrer los pueblos señalados en la información, eligió por auto de 30 de agosto de dicho año de 1560 el de Villarcayo, por lugar más cçomodo y conveniente para que tenga en él su asiento la audiencia real de estas Merindades, alegando por razones las siguientes: "quel dicho lugar de Villarcayo está en medio de los dichos dos lugares (Torme y Bisjueces) y el archivo de las escrituras de la dicha Merindad de Castilla Vieja y provisiones y cartas tocantes a las dichas Merindades y el sitio dél es más espacioso e tiene ribera del río Nela y lugar pasajero de los puertos de mar para Castillay de caminos arrieros, y pasan por él con provisiones e bastimentos, y la villa de Medina de Pomar en donde la dicha audiencia ha residido, es del Condestable de Castilla, e no cae en las dichas Merindades". Fundado en estos razonamientos, en mencionado auto para decidir puso la siguiente parte dispositiva: "que en el entretanto que otra cosa S. M. manda, o él en su nombre después, que oviese vesitado e recorrido las dichas Merindades, que mandaba e mandó, hazer su asiento en el dicho luhar de Villarcayo donde mandó traer los presos que están en la cárcel de Medina de Pomar y las prisiones della y para ello dar su mandamiento en forma para el alcaide della..." lo firma el Doctor Mendizábal.
Como Losa prefería Miñón a Villarcayo y había elevado una petición al Consejo, le fue denegada con fecha 21 de noviembre de 1561. Esta decisión fue apoyada por la Merindad de Castilla la Vieja, quien queriendo defender la capitalidad de Villarcayo dijo "que algunas Merindades pretendían que la justicia residiese en Miñón y que eso no podía ser, porque las Merindades recibirían gran daño porque la Merindad de Castilla Vieja era cabeza y centro de ellas y su tierra más fértil, poblada y llena de provisiones". El Concejo mandó que los alcaldes mayores (corregidores) residiesen en Villarcayo por ser lugar más cómodo. Dada en Madrid a 30 de abril de 1562.
Con fecha 6 de mayo de 1562 acordó el Consejo "que estudiadas las propuestas y a tenor del informe del Doctor Mendizábal se fijaba como lugar de residencia de los alcaldes mayores, el lugar de VIllarcayo".
El 13 de mayo el procurador de la Merindad, D. Pedro Fernández de Villanueva, presentó en presencia de Juan Pérez de Chavarría, escribano real de las Merindades, delegado del Sr. D. Juan de Otalora, al Doctor Mendizábal estas provisiones reales y éste dijo: "que obedecía y cumplía y tomándolas en sus manos", "las besó y puso sobre su cabeza" y para su cumplimiento, mandaba y mandó alzar picota sobre la plaza de dicho lugar de Villarcayo. En ellas mandaba el Consejo que residiesen allí los alcaldes mayores. Fueron testigos Diego de Vivanco, vecino de Villalaín y Diego de Angulo, procurador.
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